sábado, 29 de agosto de 2009



Debo confesar que soy la persona más sedentaria del planeta, pero no ha sido así siempre.


Persistentemente fui hojota para cada deporte que intenté, muy a mi pesar, he probado varios caminos a la hora de comenzar a hacer un precalentamiento, cabe aclarar que sin fruto alguno.


En mi niñez la gimnasia deportiva, luego voley, cesto ball, carreras de velocidad, softball y básquet. Sin contar los dos o tres meses de Gym (áeróbica, localizada, step, kidboxing y fierros) en los que eventualemnte me embarqué y a los que asistí por el sólo hecho de haber pagado la cuota y con el único fin de no malgastar el dinero invertido.


Invariablemente, cada fin de invierno, decido recomenzar la actividad físca. Como si fuera un ritual antes de la primavera o algo así. Los días se alargan y es más viable levantarse temprano por las mañanas, resulta más rendidor!


Soy de esas personas que aunque odian el calor extremo (sobre todo con humedad) un poco de sol le viene bien.


Desde mi consultorio aconsejo todos los días, a alguien distinto, la disparatada idea de que salga a caminar 5 veces por semana por lo menos 30 minutos cada vez, a paso firme y rápido (tal cual lo aconseja cierta Sociedad de Cardiología) con la voz entumecida de una locutora y con la cara de jugador de poker. Me escucho y me creo el casset que recito y sin embargo a la hora de la verdad sigo sentada en esta silla, mirando TV, leyendo algún libro, estudiando, simplemente chequeando mails. Si yo invirtiera la mitad del tiempo que le dedico a la PC en mover las cachas me consideraría una deportista.


Esta última semana he encontrado dos ocasiones de "tener que" salir en bicileta (obviamente porque me quedé sin el auto, esto de compartir no es para todos). Resulta que a pesar de mi queja experimenté una sensación más que gratificante al retomar la actividad, y creo que esta vez no me para nadie, ahora voy por los Rollers!

sábado, 15 de agosto de 2009


Somos la piedra fundacional, el envase, la impronta y las circunstancias que hemos vivido.

Desde niños nos prendemos en el correr cotidiano, comemos antes de lo previsto, usamos andadores para caminar antes de estar preparados, tenemos novio a los 3 años (uno o varios), fumamos a los 14, tenemos hijos a los 15, nos juntamos para no casarnos y nos separamos tempranamente.

Corremos detrás del próximo paso de una manera tan natural que nos levantamos cada día convenciéndonos de ir a trabajar para obtener los ingresos suficientes para comprar tal auto, tal casa, tal LCD, tal perro, pagar la tarjeta de crédito, el super, el colegio de los hijos, las vacaciones, etc.

Me escucho a mi misma repitiendo:

- Cuando me reciba voy a hacer...

-Cuando llegue mi hombre...

-Cuando tenga un hijo...

-Cuando tenga otro...

-Cuando tenga mi casa...

Entonces... entonces ¿Qué?

Pensar en futuro nos hace más fácil el día de hoy? Nos animamos a vivir el presente sin dejarlo para más tarde? O será que dilatar lo rutinario sin detenerse a padecer o disfrutar el hoy es nuestra manera de saltar obstáculos, de no tomar desiciones, de seguir con el impulso natural, con la inercia habitual, después de todo la rutina es la rutina!
Convertirse en expectador de lo expectante resulta más leve y a la vez más excitante. Vivir hoy abstrayéndonos es más sencillo que atravesar este campo minado.

Otro día hablaré del ayer, que no importa porque es inmodificable, por eso no me ocupa, hoy es hoy y el mañana Dios dirá.