
Padre si hoy me queda decirte algo de lo que no hemos hablado aún permíteme confesarte algunas cosas:
Gracias por los reproches y los consejos, y aunque lo sé en carne y hueso, es hora de soltar tus aves y acompañarlos en el vuelo, pero ya sin tantas preocupaciones ni ataduras.
Adviérteteme de la tormenta, pero si aún entonces yo decidiera salir, las consecuencias corren por mi cuenta.
Gracias por ser padre bondadoso, lleno de paz y sabiduría, por amar la justicia y la rectitud (a veces en demasía).
Por en enseñarme siempre a luchar por la cima más alta, por acompañarme a no renunciar a mis sueños, por impregnarme el sentido de familia ante todo.
Padre, los senderos sin espinas no alcanzan la felicidad y hay que toparse con varios muros para saber que el próximo debo calcularlo y saltarlo, o en su defecto rodearlo; siempre existe más de una manera de resolver los conflictos (así es la vida) todos válidos.
Gracias por los valores enunciados, por ser el aliciente en mis momentos más tristes, por tus silencios elocuentes y tu brevedad de diálogo que calma serenamente.Por haber heredado tu testadurez y tu convicción, porque puedo contar contigo, porque siento que crees en mí a pesar de que no tomaríamos las mismas decisiones.
La relaciones entre padres e hijos pasan, a nuestro pesar, por varias etapas:
La primera de adaptación: ninguno de los dos reconocen muy bien la función del otro, hay necesidades concretas y ellas son las que estimulan a la acción.
La segunda etapa, en la niñez temprana el padre es super star y creo que no sobran la palabras.
La tercera: pubertad y adolescencia implica la rivalidad ante todo, los límites se vuelven difusos, los desafíos frecuentes y los castigos aún más. Los amigos son el centro de nuestras nuevas tribus y de ellos depende nuestra existencia, nos volvemos idealistamente independientes, y seguir las reglas es complicado (al menos las que marca la humanidad). Por suerte caduca.
La cuarta etapa, cuando los hijos formamos nuestras propias familias, y casi casi hablamos de igual a igual, es volver a disfrutar, de compartir, nuevamente una charla o una mesa de domingos con preocupaciones semejantes, con dicha a la par. Nos aconsejamos mutuamente, nos respetamos, seguimos sin elegir los mismos vuelos y sin embargo toleramos que así sea.
La quinta, por suerte no la he pisado aún, pero comienza cuando los padres dejan de ser padres y se convierten en casi hijos nuevamente, ojalá que aún nos falte trecho.
Por último… y por sí no quedaba claro les adjunto un poema para tener siempre en mente:
"Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo.

Me hiciste llorar con esto..
ResponderEliminarNo vale!
Sobre todo porque este año no pude pasar el dia del Padre con mi papa..
Pero eso es lo que nos pasa a los que estamos lejos...
Igual la pase con tu Familia. Son geniales, conoci a tu hermana, a su familia.. La verdad tenes que sentirte mas que feliz de ser parte de gente tan buena y cariñosa..
Te lo digo de corazon, desde que conoci a tu hermana tengo mas ganas de conocerte todavia..
Besotes!
La familia noes algo que uno elija vió... pero uno se acostumbra a sus formas tarde o temprano. Lo de la distancia es cierto! Cómo cambia la perspectiva, como valoras de otra manera, lo que no está al alcance de la mano.
ResponderEliminarTambién quiero conocerte en persona